3 may. 2017

Oficina de proyectos compartida: una solución innovadora para construir asociaciones efectivas en pro de la internacionalización de la ciencia, la tecnología y la innovación

En este post rescato una de las ideas que abordé en el capítulo “Regional Partnership and Integration. Key to the Improvement of Internationalization of Higher Education in Latin America” que forma parte del libro The Globalization of Internationalization: Emerging Voices and Perspectives (DE WIT, Hans, et al. (ed.). Routledge, 2017).

En el referido escrito destaco que a pesar de que una de las tendencias más importantes en el contexto actual de la educación superior es el tránsito gradual de un escenario basado en la cooperación a uno en el que predomina la competencia interinstitucional, resulta importante que las universidades latinoamericanas se alejen de esta tendencia e inviertan en modelos de gestión enfocados a impulsar y maximizar estrategias eficaces de cooperación que refuercen las alianzas dentro de los ecosistemas nacionales de educación superior, ciencia, tecnología e innovación.

Los rankings internacionales, la necesidad de pujar por el talento mundial y la lucha por fondos cada vez más escasos para desarrollar grandes proyectos de alcance e impacto global han desencadenado tendencialmente una batalla entre la llamada élite del conocimiento mundial. Estos son a grandes rasgos algunas de las causas principales de un entorno universitario cada vez más competitivo de dimensión global al que sólo tienen acceso instituciones de renombre de las economías más desarrolladas del planeta, incluyendo las de algunas naciones consideradas emergentes de la región Asia-Pacífico, que gana cada vez más terreno como polo de alto magnetismo para académicos, científicos, estudiantes y profesionales de otras regiones del mundo.

Este escenario competitivo excluye de antemano a la región latinoamericana. Ni siquiera las macrouniversidades y las instituciones de mayor prestigio de la región disponen de suficiente arsenal para intentar algún escarceo del que puedan salir bien paradas. Adentrarse en una dinámica competitiva sería simple y llanamente una estrategia equivocada. Consecuentemente, es vital e imperativo que las universidades latinoamericanas trabajen de forma mancomunada por encontrar soluciones autóctonas e innovadoras para internacionalizar con éxito los productos y servicios académicos, científicos y tecnológicos gestados en sus instituciones.

Cooperar a nivel local es la forma más efectiva de competir a escala global

Los esfuerzos gubernamentales por impulsar la integración de la educación superior latinoamericana han resultado hasta el momento insuficientes y estériles. La importancia de la financiación de la educación superior latinoamericana para el desarrollo de la región ha sido un reclamo permanente de las universidades. El más reciente apelo al carácter estratégico de la financiación universitaria ha sido plasmado y refrendado en la Declaración de Santiago de Chile por los rectores de la Red de Macrouniversidades de América Latina y el Caribe que el 20 y 21 de abril de 2017 se reunieron para celebrar su VIII Asamblea General.

Es de total justicia que los rectores sigan reclamando a los gobiernos que se priorice estratégicamente a la educación superior pero las universidades latinoamericanas no pueden continuar esperando por soluciones y recursos que provengan de acuerdos y convenios intergubernamentales. Estos acuerdos precisan de una voluntad política generalizada y consensuada que parece no existir y será difícil que cristalice a corto o mediano plazo. Obviamente, esto afecta sensiblemente la calidad del trabajo en las universidades pero estas pueden transformar todo ese cúmulo de obstáculos y adversidades en un escenario de enormes potencialidades si tienen la capacidad de encontrar soluciones innovadoras que dinamicen, viabilicen y perfeccionen sus procesos clave de gestión universitaria.

Uno de los grandes escollos que afrontan las universidades latinoamericanas, prácticamente sin distinción de su dimensión o reputación académica y científica regional, es la de poseer equipos altamente profesionalizados que se encarguen de procesos clave en la dinámica de la educación superior del siglo XXI como es la gestión de la internacionalización en función de la ciencia, la tecnología y la innovación. Por regla general, los equipos de relaciones internacionales responsables por la internacionalización de los procesos se ocupan esencialmente de actividades de carácter académico y ponen el énfasis en acciones de movilidad. Estas unidades raramente inciden o participan en actividades relacionadas con la investigación o la innovación. Al mismo tiempo, son pocas las universidades que se pueden permitir el contar con equipos especializados en gestión de la innovación. La transferencia de conocimiento y tecnología, la valorización y comercialización de resultados de investigación, el emprendimiento universitario de base tecnológica o el fomento de la cooperación entre la universidad y el sector productivo son asignaturas pendientes para una buena parte de las instituciones universitarias de la región.

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Sin embargo, estas insuficiencias podrían ser atenuadas y revertidas en muchas ocasiones con una dosis de ingenio colaborativo. Nada impide, por ejemplo, que las universidades de un mismo territorio unan sus fuerzas para crear una oficina de gestión de proyectos (PMO) que ofrezca servicios altamente profesionalizados de los que todas se puedan beneficiar. Ante la imposibilidad real de disponer de servicios propios y autónomos para impulsar de forma integral procesos estratégicos clave como la internacionalización, investigación e innovación, la posibilidad de compartir responsabilidades y beneficios para disponer de una PMO territorial especializada en proyectos para estos procesos universitarios no parece una idea descabellada y podría resultar viable y alcanzable siempre que exista voluntad de las universidades para colaborar y trabajar de conjunto. 

Algunos de los varios beneficios que una unidad de este tipo podría proporcionar incluye: 
  • Estructuración de una estrategia de internacionalización común basada en los principales sectores de la economía territorial y en las fortalezas de sus instituciones universitarias;
  • Implementación de acciones concertadas de internacionalización que tributen a una cooperación internacional más efectiva;
  • Reforzamiento de vínculos de cooperación entre las propias universidades;
  • Fomento de una visión compartida de la investigación científica y la innovación que sirva de catalizador para una economía territorial basada en la economía del conocimiento;
  • Fomento de una cultura organizacional de gestión de proyectos que permita la definición de estándares, metodologías y procesos, la integración de proyectos, la optimización de recursos humanos, financieros e infraestructurales y la puesta en marcha de procesos  ágiles;
  • Fomento de alianzas “triple hélice” en estrecha colaboración con gobiernos locales y el tejido empresarial y productivo territorial;
  • Identificación y explotación de nuevas oportunidades de cooperación internacional que tengan como consecuencia el aumento y diversificación de la captación de fondos por productos y servicios universitarios, especialmente iniciativas que sean generadas por las universidades con financiamiento público-privado;
  • Fornecimiento de servicios de asistencia técnica especializada a las unidades y grupos de investigación de las universidades durante las diferentes fases del ciclo de vida de los proyectos.

Esta iniciativa de solución basada en la integración y la colaboración interinstitucional podría aplicarse en cualquier ciudad, estado o provincia latinoamericana y no tengo dudas que podría ser en muchos casos un catalizador de ecosistemas eficientes de educación superior, ciencia, tecnología e innovación. La adopción de este tipo de PMO colaborativa puede tener en la práctica diversas estructuras y configuraciones. Está claro que no hay ninguna fórmula que satisfaga a todas las instituciones. Cada territorio y universidad tiene condiciones específicas y en cada uno deberá intentar encontrarse las soluciones que sean más convenientes y efectivas. Por ejemplo, dependiendo de las circunstancias particulares de cada territorio, estas PMO podrían ser exclusivamente financiadas con fondos de universidades o en asociación con gobiernos locales y corporaciones. En muchos territorios podrán sacar provecho de la existencia de asociaciones empresariales, clústeres sectoriales e incluso hasta de capítulos de profesionales en gestión de proyectos como los asociados al Project Management Institute (PMI).

En el siguiente documento se plasman las ideas esenciales para la articulación de este modelo de PMO para el sector universitario. Los interesados pueden consultar y descargar esta versión que ha sido actualizada para la publicación de este artículo. 

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