17 feb. 2017

Las ciudades iberoamericanas y la internacionalización de la educación superior

Las ciudades juegan, cada vez más, un papel preponderante en la estrategia de internacionalización de las instituciones de educación superior. Esa importancia se pone de manifiesto también en la proliferación de rankings en los que se indican cuáles son las ciudades más atractivas para el talento humano mundial. Esta semana, Times Higher Education (THE) se hace eco de un estudio realizado por el Martin Prosperity Institute de la University of Toronto, que ha estado analizando la base de datos de THE  World University Rankings para determinar las principales ciudades para la educación superior internacional en función del nivel de congregación de las instituciones mejor posicionadas en esta tabla de clasificación mundial de las universidades.

Como era de esperar, los resultados del estudio arrojan un predominio de grandes urbes metropolitanas de Estados Unidos y Europa como Londres, París, New York, Chicago, Washington DC, Los Angeles y Boston. Así como de ciudades localizadas en la región de Asia-Pacífico, que se consolida como la más dinámica de la economía mundial y en la que sobresalen Hong Kong, Beijing, Seúl, Melbourne, Sídney y Tokio. En esta puja por aparecer en la élite de las ciudades que concentran las universidades de mejor reputación mundial solamente Barcelona aparece en representación de la enorme y diversa comunidad iberoamericana.

A primera instancia este tipo de rankings pueden parecernos hasta un poco fútiles porque no nos desvelan ninguna novedad. No obstante, a la luz de la irrupción de fenómenos políticos que pueden constituir un verdadero freno para la capacidad de atracción de muchas de estas megalópolis, se impone en Iberoamérica una profunda reflexión como señalé en el artículo Trump, Brexit y el futuro de la cooperación universitaria.

Siendo Iberoamérica una región netamente emisora en el contexto de las movilidades universitarias, la nueva coyuntura no sólo obliga a repensar los mercados preferenciales de destino para estudiantes, académicos e investigadores iberoamericanos. La nueva coyuntura constituye también un momento propicio para el fomento de la integración regional entre sus sistemas e instituciones de educación superior y, sobre todo, una enorme oportunidad para que la región pueda presentar credenciales como un destino viable para el talento de otras regiones del mundo.

En la siguiente tabla, que he elaborado basada en los resultados de los principales rankings universitarios entre 2011 y 2016, se muestran las 10 ciudades iberoamericanas que concentran a las instituciones de la región mejor posicionadas a nivel internacional.

Las diez ciudades son sin dudas centros urbanos de relevancia para la región, donde se concentra gran parte de su capital intelectual, económico y financiero, por lo que no es de extrañar que sean estas las que encabecen la clasificación iberoamericana. Otras ciudades con menos concentración de universidades de renombre también podrían tener enorme atractivo para potenciales estudiantes e investigadores extranjeros. En ese grupo habría que incluir a Medellín, Montevideo, Lima, Quito, Valparaíso, Concepción, Monterrey, Guadalajara, Córdoba, Belo Horizonte, La Habana, San José o Ciudad Panamá por incluir algunas de las más relevantes de América Latina.

Una estrategia a considerar podría ser la de articular el trabajo a nivel territorial, agrupando a varias ciudades hermanadas por la vecindad de un mismo espacio geográfico. Un ejemplo exitoso en este sentido a escala nacional ha sido el de la región de Andalucía en la que universidades de Sevilla, Granada y Málaga constituyen un polo de enorme potencial. Otro ejemplo que ha demostrado ser especialmente efectivo en el contexto trasnacional es el que se ha tejido a nivel transfronterizo entre las ciudades del norte de Portugal y la región de Galicia en la que universidades de Oporto, Braga, Vigo, Santiago de Compostela y A Coruña han destacado por su activa participación internacional.

Está claro que no basta sólo con disponer de buenas universidades que ofrezcan educación e investigación de calidad. Muchos otros elementos influyen en la capacidad de una ciudad para atraer talento. Es necesario que exista una mayor cooperación entre las universidades, las empresas, los gobiernos y la sociedad civil para impulsar acciones de fomento a la economía del conocimiento, en la que el emprendimiento universitario constituya un componente esencial en la estrategia de desarrollo de cada ciudad y región.

A esto habrá que agregar también la existencia de buenas infraestructuras, mejores niveles de seguridad y una vida socio cultural vibrante y dinámica que sea incubadora de entornos que fomenten la creatividad y la innovación. Invertir en los valores y patrimonios que hacen de Iberoamérica un crisol de enorme y variada riqueza cultural es la mejor forma de hacer atractiva a sus instituciones ante los ojos de una comunidad universitaria ávida de encontrar nuevos destinos para un intercambio internacional que deberá aumentar exponencialmente en los próximos años. Valorizar el papel de las universidades como actor clave del desarrollo económico y social y revitalizar el orgullo por la latinidad parecen ser a todas luces estrategias muy efectivas.

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